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sábado, 8 de octubre de 2011

Horas muertas

Escribiendo, me paso las horas muertas,
y vivo sólo cuando tu olor llega hasta mi puerta.
Atraviesa mi ventana y distrae mi atención.
El olor a barbacoa inunda ésta mi habitación.

Tus risas llegan hasta aquí,
en el patio, en mi pecho, en mi corazón,
llegan a mi.

A mi y a alguien más...

Cada mañana y sin dormir miro por mi ventana.
Las montañas a la izquierda, el río al fondo,
y tu casa a la derecha, asomada.

Detengo la mirada y me quedo en el río, como si bañárame.
Otra vez, como el primer día en el que nos bañamos en sábanas, meciéndome.
...mecíendote.

Me pregunto si volverás a engañar.
Quiero que engañes.
Engaña para poder tenerte.
Engáñala como hice contigo cuando prometí no quererte.

Escribiendo, me paso las horas muertas,
y toman sentido cuando tu olor llega hasta mi puerta.
Cuando lo que no me atrevo a decir llega hasta mis dedos,
y mis latidos toman el control de ilusos sueños.

Sueños que tengo despierta y no dormida.
Escribiendo, dejo pasar las horas, sobria.
Para que un día como ayer llames a mi puerta,
y cierre entonces, sin dejarte escapatoria.
Sin elección...
No quiero más horas muertas.
...Como algo que quiero y no como un vecino.
No quiero más horas muertas.
...Como lo que tú y yo somos.
No quiero más horas, muerta.
...Como lo que tú y yo sentimos.
Tu, yo, dos personas y tan sólo nuestro nido.



lunes, 4 de abril de 2011

Perdíendote

No hay más que leer el título para entender lo siguiente...

Me estoy tomando un buen refresco. Cada sorbo es placentero. Tres cubitos cuento. Si.

Juego con la pajita y busco en el fondo. Lo pierdo. De entre los tres que me han puesto, uno, el más pequeño se deshace. No quiero.
Luego se aguacha, y todo sabe a lo mismo. Agua.
Si desapareces en mi vaso...¿eres el primero en entrar en mi estómago?, ooo..., ¿el que aguanta derretido en el fondo?.

Si aguantas... Si aguantas, no desapareces.
Ya no se por donde iba. ¡La pajita ésta!. Me desconcentra. Me lía.

¿Puedo volver a empezar?...¿qué hago?. Si no hay nadie...¿a quién le hablo?. ooo...¿o es que no me escuchas?.

Maldita sea. ¡Estás ahí! Estás porque te he tragado, te he sentido.
Ahh amigo, ahora entiendo porque me hablo a mi misma. Hablo contigo. ¿No?.

¿Podemos vernos ya? Te echo de menos...Aunque estés por ahí en mi organismo, prefiero cuando te veo. Prefiero elegir tu sonrisa. Tus ojos. ¡Tu sonrisa tonta!...
No puedo olvidarte...quizás no quiera.

Vamos dando. Ahora entiendo tu juego, porque yo juego al mismo.
Mantienes el sabor sin contrato fijo. Deberia ser el calor el que nos mantuviera. De hecho, lo es.
Porque te deshaces frente a los demás, pero es este frío, este frío que siento en mi cuerpo, ese frío que me regalas con tu ausencia. Ese frío, ese frío que te hace cubito y ya estás en cubitera nueva. Espacio único donde te encierras.

Déjate beber... para hablar de nuevo a solas. Para estar dentro de mi, y de nuevo, no poder verte...

...Porque lo anterior pierde a cualquiera.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Una rosa desconocida

Miro a mi alrededor y ya no se quien me regaló esta rosa.
Miro algo más arriba y tu trenecito no dice TKM, dice MKT.
Antiguas fotos se tapan con nuevas.
El resto sigue igual, con más números de teléfono.
Pero, verdaderamente me pregunto...¿quién me regaló esa rosa y por qué sigo teniéndola?

Las cosas pierden su significado poco a poco y mi pereza las mantiene en mi cuarto.

El trenecito de madera, sin embargo, toma su rumbo marcha atrás.
Me pregunto si en ese último-primer vagón,
en sus dos únicas ventanas, nos asomamos tú y yo.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

zZz zZz




¿Fue aquel zumbido un aviso?
No, no lo fue.

Me vale con saber que piensas en mi aunque no estés.
Mis párpados se caen poco a poco.
Desisto en la espera.
El Pc me contradice, la pantalla parpadea.

No hay micrófono, perdí el hilo.
Mas sigo cantando en caso de frío.
En la cama estás y tiritas.
No desistas, yo te abrigo.

Escucha atentamente:
No te alejes, no te alejes.
Sí, sigue el mío.
Palpita, caliente, quiere de ti:

Una sonrisa en tus ojos y un beso de buenas noches,
una estrellita que brilla.
Dos niños que miran y miran.

Una poesía en la noche,
una corta despedida.
Y unas últimas palabras que terminan donde nacieron:
En el corazón, en mi parpadeo.