¿No es así?
Si, es posible que sea por eso que me camuflo entre las hojas;
o lo intento, porque ya sabes que mi color no pasa desapercibido.
Suelo aprovechar la noche oscura para abrir las alas, y es entonces cuando me permito disfrutar del viento y de la luz de la luna, y el brillo de sus estrellas.
Son ellas, mis estrellas, las que aprecian mi belleza, no mi peculiar pico, ni mis aleteos continuos o mi cola tan distinguida que tan bien describen los libros,
sino mi pureza, mi ser, mi más íntima belleza.
(suspiro)
Otro momento del día en el que más gozo es: la mañana del rocío,
Es entonces cuando abro un ojillo y con el otro, aun vacilo.
Retuerzo mi cuello y percibo esa fina capa de gotitas en las ramas y en mis patas,
en mis plumas y en los palitos de este nido que con trabajo he conseguido.
Mi hogar.
Ese lugar que huele a mí, que es difícil describir, donde encuentras tu esencia.
¿Cómo lo has creado?
No fue tarea fácil. El tiempo ayuda y mucho. A ver las cosas con perspectiva y para eso has de volar alto, has de volar bajo, rozar el mar con tus alas y planear un día la sabana.
Lo he construido con el paso de estos años volando arriba, volando abajo, con ayuda y sin ella, dejando caer alguna pluma pesada para aligerar este vuelo, que a veces se hace agotador, especialmente cuando brilla tanto el sol, que mis colores se avivan, y los depredadores te aniquilan.
No me dejan cantar, hasta que un día pié muy fuerte:
Pio Pio Pio. Todo este talento es mío.
Tweet tweet tweet, hoy lo voy a compartir.
Te estás yendo por las ramas…
Déjame acabar.
Hay nidos llenos, otros vacíos, otros por hacer y algunos en la cabeza; como los pájaros…
¡Pájaros en la cabeza!, que vienen y van, ¡y qué bien que vienen!,
…cuando te permites: VOLAR.
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