Te ríes de mi porque abres los
ojos y me encuentras observándote, con una sonrisa (que sólo tu consigues
sacarme.)
Me preguntas, ¿Qué miras tonta?
Te miro a ti “peke”, me encanta
cuando duermes, especialmente cuando estamos frente a frente, que no suele ser
muy a menudo, (porque como muy bien dices, te gusta tener espacio libre al
frente para poder dormir en paz.)
Me fijo en tu mirada más
profunda, en la curvatura perfecta de tus cejas, en el perfil de tu nariz y en esos
labios que me vuelven loca con cada beso que me das (sobre todo cuando me pides
un beso espontáneo y en esas palabras me dices “te quiero”) y en la belleza de
soñar con mirarte así día tras día.
¿Qué estará soñando? Me pregunto.
Me gusta hasta tenerte lejos para
recordarte. Escribo, cierro los ojos, suenan notas dispares, pegaditas,
armoniosas. Acompañan eso que llamamos amor que nadie sabe describir o todos lo
hacen de una manera u otra pero que sin duda les hacen sentir. Unos le ponen
acordes mayores y otros menores. Algunos oyen los sonidos de las teclas del
piano y otros escuchan deslizar las cerdas del arco por las cuerdas de un violín.
Para bien o para mal, ¿No hay amor cuando sientes? Cuando deseas…
Deseo seguir así…
Me haces sentir fuerte, valiente,
(maldita sea…hay un “no sé qué” que hace que apriete fuerte los ojos dejando
caer esas lágrimas contenidas que derrochan pura alegría), segura, realizada…
Son muchas cosas las que en esta
vida nos llenan: Tu trabajo, tus amigos, aficiones, una mascota, tu confidente,
tu amigo, tu acompañante, el que daría todo por ti… Hay quien vive muy feliz
con o sin algunas de estas enumeraciones… Pero yo, sin ti… no podría sentirme
tan plena. Te has convertido en una parte imprescindible de mí.
Adoro tus formas de amar y la
forma en que consigues que yo ame mi vida.
Así que cuando me preguntas con
tanta simpleza… ¿Qué miras, tonta?
Sólo puedo sonreír con las
comisuras más inocentes que tengo, y decirte:
Nada...
Entonces, clavo mi mirada en ti y
pienso… ¿Cómo iba a explicarte todo lo que siento?
...Así que te acaricio, dejo
deslizar mi dedo índice por tus labios…y te dejo seguir soñando…
¿Qué estará soñando? Me pregunto…
mientras yo… alargo la nota más dulce (que aún oigo en mi cabeza) que acompaña tu respiración…hasta quedar
dormida en un sueño.
Un sueño que es real.
