Escribiendo, me paso las horas muertas,
y vivo sólo cuando tu olor llega hasta mi puerta.
Atraviesa mi ventana y distrae mi atención.
El olor a barbacoa inunda ésta mi habitación.
Tus risas llegan hasta aquí,
en el patio, en mi pecho, en mi corazón,
llegan a mi.
A mi y a alguien más...
Cada mañana y sin dormir miro por mi ventana.
Las montañas a la izquierda, el río al fondo,
y tu casa a la derecha, asomada.
Detengo la mirada y me quedo en el río, como si bañárame.
Otra vez, como el primer día en el que nos bañamos en sábanas, meciéndome.
...mecíendote.
Me pregunto si volverás a engañar.
Quiero que engañes.
Engaña para poder tenerte.
Engáñala como hice contigo cuando prometí no quererte.
Escribiendo, me paso las horas muertas,
y toman sentido cuando tu olor llega hasta mi puerta.
Cuando lo que no me atrevo a decir llega hasta mis dedos,
y mis latidos toman el control de ilusos sueños.
Sueños que tengo despierta y no dormida.
Escribiendo, dejo pasar las horas, sobria.
Para que un día como ayer llames a mi puerta,
y cierre entonces, sin dejarte escapatoria.
Sin elección...
No quiero más horas muertas.
...Como algo que quiero y no como un vecino.
No quiero más horas muertas.
...Como lo que tú y yo somos.
No quiero más horas, muerta.
...Como lo que tú y yo sentimos.
Tu, yo, dos personas y tan sólo nuestro nido.
