Qué malestar. Me desperté la primera. Abrí los ojos y me encontré no en mi cama, sino en el sofá de mi comedor. Ahora entiendo el cucú de mis sueños. Eran las 5. Menuda siesta. Debí recuperar las fuerzas de la última noche. Mi primer día de fiesta en este mundo. Ahora recuerdo todo. Estoy muerta, echaba de menos mi casa y aquí mis compañeros de burbuja se empeñaron en construir mi maqueta en una maqueta real de mi casa.
Qué sensación tan rara. Tengo la boca seca. Me llevo la mano a la boca y busco agua. Todos están tumbados. Durmiendo, babeando en el salón de mi imaginaria casa. Me quito el aparato, para beber agua y sin embargo, en segundos me empapé. Sí, aun aquí, llevo mi aparato dental por las noches. Lo curioso es que me acordara de ponérmelo anoche con el ciego que llevaba.
Genial, ahora la botella está hecha pedazos por toda la cocina. La dejé caer y no me di cuenta. Y en mi boca sigue habiendo algo incómodo. Juego con mi lengua a tocar mis encías. Mientras, por otro lado, los amigos de mis zombies se despertaban y empezaban a murmurar. La botella.
Todos tenían ese mismo tono de voz, ese malestar de resaca. (Chicos, en el cielo hay alcohol, hay fiestas y sí, hay sexo. Todo es diferente, pero jamás pensé que lo fuera tanto, en el momento en que de repente mi aparato dental salía de mi boca junto a encías, músculos, tejidos diferentes bucales que nunca vi antes. )
-Juro que mi aparato no era tan completo. Le dije a Eva que ya observaba el desastre de cristales rotos.
- Es extrañísimo. Irene, tu boca!
Fui corriendo al baño y antes de mirarme ya me advirtió eva que estaba llena de moquedades, de moho, y de suciedad.
Empecé a llorar al ver mi rostro en el baño. Solo faltaban gusanos para darle una casa a algunos bichos. Mi boca era un cobertizo de bacterias.
Eva se dedicó a apartar su bolsa de aseo y todas sus pertenecías con el fin de no contaminarse.
Yo ya , sola…empecé a enjuagarme, a limpiar aquello. Agarré mis mejillas y las estiré con la intención de alcanzar mis muelas. La toqué y como una correa de bici mis dientes se caían unidos hasta el lavabo. Qué horror!
-Irene! Qué sucede?. Gritaba encarni desde el comedor.
No podía hablar. Gritaba, gemía, lloraba. De rabia desmonté también mi dentadura de abajo, cada una partida en dos. Sujetaba la de arriba y entonces vi aparecer mis antiguos dientes de leche, mis dientes torcidos sin aparato. Aquello parecía una pesadilla. Pensar que estuve yendo al ortodoncista año tras año para nada…
Encarni y otros estaban todos en la puerta del baño. Mi cuarto de baño era considerablemente pequeño, quizás dos metros cuadrados. Ahí estaba, mirando mi reflejo, viendo como tras una dentadura perfecta aparecía mi antigua, amarilla, torcida, imperfecta, tan antigua, y tan pequeña.
En ese momento pensé inevitablemente en ellos, algo que siempre me habían prohibido en el cielo. En mis padres…Cosa de las jóvenes, y nosotras no podíamos recordar a quienes nos daban la vida. Debían morir inocentemente y volver a nosotros, los suicidas.
Estaba sola. Conjunto de personas en mi puerta, y yo solo veía un bulto borroso por el que pude pasar sin un roce. No fui consciente de los poderes que estaba adquiriendo.
Miro mis pasos hasta la cascada, pone prohibido tirar. Pero no pensé. Tiro de la cadena.
Observo el fracaso que yo misma he provocado. Inundaciones en tierras de todas esas lágrimas que había llorado. Fuente sagrada de traumas superados. Da igual lo que digan, no me sentí liberada de cada una de ellas hasta que vi su recorrido hacia abajo. En que me había convertido? En que me estoy transformando? ¿por qué río?
17:39 17/09/2010