¿Y por qué no? Me aventuro.
Como el que busca la almendra en una bolsa de pipas... Así encuentro las risas.
Y sí, hay muchos peces en el mar, pero resulta más emocionante buscar sorpresas de las poquitas y únicas como tú.
El sabor del cosquilleo, el ajetreo y un revuelo; pido a gritos un achuchón.
¡Tan natural! Tan expresivo. Ojo, que viene un chapuzón.
Te conozco poco, pienso. Me gustaría sentarme y no sólo abrirme a ti como hago de costumbre, sino esta vez abrir mis oídos para escucharte, para conectar, para poder dar.
Me cuesta un poco lo de no darle al coco...y es raro cohibirme cuando tengo garras que afilar...
Pero no es momento de arañar, más bien de escalar.
Las usaré para subir bien alto, segura, orgullosa y a mi manera, disfrutando cada brinco, oliendo cada flor.
Me distraeré todo lo que quiera, porque no aquello en lo alto es la prioridad, sino el paisaje y el baiben que se forma al andar.
Será lo que tenga que ser: 0 expectativas. ¡Que ya me cansé!
Si me agarras de la mano, déjame que yo te aúpe, así juntos vamos oliendo, riendo, saboreando, y conociendo.
Y cuando las pipas se acaben... pues vayamos al mar a buscar más sal, que en el mar puede haber peces y puede haber paz.
Disfruta de la marea, de las corrientes, y cuando menos te lo esperes, puede que una ola nos de el empujón, o un caballito la risa.
¡Y qué más da, mientras sintamos la brisa!
Te ríes quizás, ¿no? quizás.
Quizás me guste un poco eso de reírme como a ti leerme.
Anda, vamos afuera, que me está dando frío.
Tápame con la toalla y envuélveme en un giro.
Ainssss ¡qué almendra más rica!
Ainssss ... ¡qué rica la playa!
Mmmm... ¡Almendrita, almendra salada!