Escribo ahora porque antes estaba demasiado mal como para coger la libreta y el boli. Han pasado ya tres días desde que ingresé en el hospital. Da igual el nombre, el servicio es el mismo en todos. La cena igual de poco apetitosa. Por suerte mi compañero de habitación no ronca. 239. Mi número de habitación. Me toca la ventana y los cuidados de mi padre. Mi madre murió el día que nací y creo que por eso me odia. Perdón, la palabra es muy fuerte, pero aquí puedo escribir lo que quiera. Francisco, así se llama él. Se empeña en cuidarme porque tengo la sonrisa de mamá. Eso dice siempre que se me escapa. Cuando hablo de un tema serio y de repente sonrío, me dice.
[...]
Perdona, me pongo algo triste. Han pasado ya diecinueve años y supongo que sigo necesitando mi figura materna. Nunca he querido tener bebés. Me da miedo. Me da miedo que salga perjudicada con mi enfermedad. Me da miedo que como yo, desee, estar en sus brazos y nunca los conozca.
[...]
- Tesoro, ¿necesitas ir a baño?
Un momento, tengo que dejarte.
- Cariño, ¿te ayudo?
- Voy, un momento.
3 Agosto 13:15
Bueno, tengo que contarte cosas nuevas. Ayer cuando fui al baño vi por primera vez a mi compañero. Parece que ahora ya puede estar boca arriba. Tiene una barba pelirrojilla y un cabello liso castaño oscuro muy bonito. Bueno, da igual la descripción. Se me haría muy difícil. La verdad es que está bueno jejeje. No te rías de mi, pero al menos ya aparece mi apetito. Estaba haciendo cruzigramas supongo, o sudokus...vete tu a saber. Parece que le gusta mucho leer. Pero a veces me irrita no poder verle la cara. El libro le cubre el rostro.
- La comida tesoro.
Bueno, te dejo. Ésta vez tengo hambre.