Un medio en coma es sencillo de sentir pero difícil de explicar.
Añado el monólogo de Hamlet.
Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma, sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir... nada más; y con un sueño poder decir que acabamos con el sufrimiento del corazón y los mil choques que por naturaleza son herencia de la carne... Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir, dormir... quizá soñar. Ahí está la dificultad. Ya que en ese sueño de muerte, los sueños que pueden venir cuando nos hayamos despojado de la confusión de esta vida mortal, nos hace frenar el impulso. Ahí está el respeto que hace de tan larga vida una calamidad. Pues quien soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, la insolencia del poder, y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal. Quejarse y sudar bajo una vida cansada, pero el temor a algo después de la muerte – El país sin descubrir de cuya frontera ningún viajero vuelve- aturde la voluntad y nos hace soportar los males que sentimos en vez de volar a otros que desconocemos. La conciencia nos hace cobardes a todos. Y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento y empresas de gran importancia y peso con lo que a esto se refiere, sus corrientes se desbordan y pierden el nombre de acción.
Con mis palabras, Hamlet quiere decir:
¿Qué es mejor, pasar de todo o enfrentarte? Creemos que con tonterías vamos a solucionar todo. Queremos movernos por nuestros impulsos, lo que nos hace sentir, la pena. Lo difícil es mantener esperanza e ilusión. Es tal la desilusión, que el mínimo sueño o solución se nos derrumba. Y pensamos que no servirá para nada. No hay manera de acabar con la política y cosas que no controlamos: injusticia, desamor, el paso del tiempo... ¿Quién se atrevería a luchar contra todo eso?
El temor a la muerte y lo desconocido nos frena, por eso no nos quitamos la vida, ni huimos de estos problemas. Nos remuerde la conciencia. Y por todo esto la idea de quitarnos la vida termina. Por la conciencia, por la costumbre, por la moral y la ética, el deber por encima del querer, que nos indican que está bien y que está mal. El suicidio pasa a tener una valoración negativa y finalmente seguimos sufriendo.
No siento mitad del cuerpo, de mi cintura a mis pies. Siento un cosquilleo que no motiva a andar. Permanezco sentada. Mi corazón bombea. Escucho palabras, pero a un tiempo relantizado. Cojo tu información lo más rápido que puedo, pero no consigo alcanzarte. Repites, repites y me quedo en le principio. Veo cómo tu boca ya se cerró y sin embargo oigo aún tus palabras. Tiempo de retroceso...yo quiero avanzar. Mi cerebro piensa deprisa y no recibe con la misma velocidad. Emite mas no recibe.
Dame un golpe en la cabeza, a ver si reseteo. No importa la información. Llevo una copia en el corazón.