viernes, 29 de enero de 2010

Cómplice de una sonrisa

Qué bonito hoy cuándo quise ayudarte en la calle,
cuando con tus talones débiles no podías subir el escalón.
Fui deprisa y me apoyé en el escaparate, te sonreí y te ofrecí mi hombro.
Se que no es mucho, pero tu sonrisa a mi me llenó.
Esa sonrisa envuelta en rugosas llanuras, y esos ojos claros, cristalinos llenos de sabiduría, de experiencias.
A tí y a todos los que necesiten un empujoncito, ...aquí estoy:
soy duquesa, una gatita blanca llena de paz, de complicidad ante palabras como las vuestras.

Arrimaré mi espalda y cuando me vaya darás un brinco golpeando tu bastón contra el suelo.

Me voy contenta, escuchando tus palabras.
(-eres un encanto niña, eres preciosa), dando un par de botes por el camino y cojeando por los que ya no cojean.

Gracias por hacerme cómplice de tu sonrisa.
Gracias por hacerme sentir mejor persona, y gracias por ser fuerte y rechazar mi ayuda,
cuando en realidad sabes que la necesitas.

El simple detalle es el que nos llena, el empujoncito pero sin darlo,
las ganas, un brinco, el entusiasmo, una sonrisa, un gesto.

No hay palabras textuales, pero si se nos forman en el corazón:
''Gracias''
Gracias

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