lunes, 5 de abril de 2010

Un sueño de los que hacen que te mees entre sábanas

Bueno, después de un largo tiempo sin pasar por el coro, Irene decidió que ya era hora de volver a dar su voz. Esa misma tarde conoció a una chica nueva, Cristina, de pelo largo, ondulado, no muy oscuro, ojos intrigantes, sonrisa cómplice. La verdad es que hicieron muy buenas migas. Fue todo genial e Irene pudo cantar de nuevo sin preocuparse por nada ni nadie que hubiera alrededor. Estaba claro que el que la presencia de Carlos, su ex-novio pudiera estar allí le asustaba un poco, pero nada, todo fue muy natural, una simple tarde. Pues bien, el segundo día que Irene apareció y no consecutivo, las cosas fueron algo distintas. Lo primero, había una enorme cantidad de voces nuevas, gente joven, niños, muchos chicos y chicas. El coro de jóvenes parecía que volvía a la marcha en pasos gigantescos, o quizás es que irene estuvo demasiado tiempo sin aparecer. La cuestión es que resultaba complicado aprender todos esos nombres, tantas caras distintas. Sinceramente le parecía increible que La Tomás Luis de Victoria hubiera crecido tanto. Quizás el día anterior que fue, se ausentó bastante gente y hoy era el día de encuentro. Total, que ella se dedicó a lo suyo que era cantar. Cristina le dijo que luego en el descanso hablarían, que no se preocupara por toda esa gente. Supongo que se notaba que estaba algo sorprendida. Después de ensayar durante bastante rato, el director decidió que tomaramos un descanso. A Irene le sorprendió que ahora fueran tan largos los descansos porque todos salían del centro y se iban a tomar un refresco. Irene,(llamémosla 'ella') se fue con Cristina. Las dos se sentaron en una cafetería-heladería a tomar una leche merengada y un helado de arándanos. Hablaron durante bastante tiempo de amores, de historias sucedidas en el coro, de la gente, solo hubo un momento en el que ella empezó a sentirse incómoda, pero eso viene después de que llegara Juan, otro coralista, nuevo para mi. Vino por detrás de Cristina y le mordió el cuello con toda normalidad, al mirarla, (a ella) sin dejar de morder, pudo observar unos ojos rojos que la pasmaron viva. Juan se reía y le susurró algo en el oído a su presa.
- ella es mía. Pudo oír de los labios de Cristina, Irene. Cristina le retiró el pelo hacia un lado y observó su cuello. Que cuello tan largo y delgado. Realmente ella estaba atemorizada, Cristina empezaba a segregar saliba, sus ojos se oscurecían pero al mismo tiempo brillaban. Entonces dijo, así somos en el coro, somos vampiros. Sus colmillos de repente crecieron y eran muy afilados. Fue aterrador como con un gesto de expresión podía cambiar su dentadura.
- LLevaba bastante tiempo deseando conocerte, Irene. Dijo Cristina con voz hambruna.
Irene hizo un amago de levantarse, pero Cristina la detuvo antes de que pudiera incorporarse, le agarró de un hombro y clavó sus colmillos mientras Irene intentaba gritar socorriendo.
Que amargo dolor sintió ella, esto era una pesadilla, ¿vampiros?, ¿y ella? ¿era ahora ella un vampiro?
Cristina pareció satisfecha con su mordedura. -Tu sangre era de la más dulce que probe hasta ahora. MMmmm. Tranquila. Cristina le enseñó a Irene la cicatriz que tenía en el cuello, Cristina fue marcada también.
Irene se acarició con temor la señal de su cuello, dos gotitas de sangre tapando dos orificios perfectos y de apariencia profunda. El aspecto de Cristina cambió y ya no daba ningún miedo. Irene parecía confusa. Todo aquello había ocurrido con demasiada normalidad y muy rápido. Sonaron las campanas de la catedral vieja y todos corrían de nuevo al ensayo. Mientras ella no cesaba de preguntar a Cristina acerca de la vida de un vampiro. También pensó que sería buena idea morder a Carlos esta vez. Cristina no se lo recomendó, después de morder a alguien la bondad del mordido se esfuma y el que muerde gana el anticristo. No entendía nada, pero parecían bastante ciertas las palabras de su compañera. Cristina le comentó que ella era diferente, cuerpo deseo y que echara un vistazo a mi alrededor siemrpe. Habían vampiros bueno y otros malos, unos mordían por sed y otros por robar almas y manejar personas. Todo era demasiado nuevo para ella. Por el camino, Marina, otra nueva le acechó por detrás. Cristina intentó protegerla queriendo su presa solo para ella, empezaron a pelear y mientras, Irene trataba de escapar de los colmillos acechores. El miedo le envolvía y las campanadas le llamaban. Fue en el último son antes de poder llegar cuando Marina le agarró y con una tremenda fuerza le mordió.
Irene gritó por dentro, jamás sintió algo parecido, ese mordisco no fue igual que el anterior. Era caliente y frío al mismo tiempo, escozores hacían que le temblaran las piernas, comenzó a convulsionar mientras esa tal Marina recobraba cuerpo y alma. Por un instante ella abrio los ojos y vió como ella misma corría hacia el coro. Cristina estaba allí para ayudarle. -Lo siento, le dijo. Irene se observó y no tenía la misma ropa que llevaba consigo, su pelo era mas largo y rubio, sus piernas mas gordas de lo habitual, su cara no era la misma y sus manos y el tacto cambiaron completamente, sus uñas eran mas largas y no podía sentir con facilidad sus pómulos. Cristina vio como perdía lágrimas por sus propios ojos. Irene era ahora una mala transformación de la misma Cristina.
-¿Que ocurre?, dijo Irene entre sollozos con una horrible voz de ultratumba. Al oírse ella misma se odió y selló sus labios. Empezó a soñar con nunca haber vuelto al coro. Sabía que todo había cambiado, algo raro estaba ocurriendo, tenía que ser una pesadilla, no podía ser real. Ver como su cuerpo que no era el suyo se iba sin poder siquiera alcanzarlo con su nuevo cuerpo, dudoso de ser humano.
Después de intentos por levantar, llegaron al coro, todos reían, llegamos tarde y cada uno se iba a su casa. Algunos de ellos preparaban planes para cenar esa noche, una posible barbacoa. Menos mal que no seguimos cantando, pensó ella. Estaba claro que en la voz de las sopranos destacaría esta vez como ninguna otra. El director me paró al salir por la verja. - Bienvenida! Me alegra verte de nuevo, espero verte más a menudo. La gente salía escalando por los muros, enganchados a las plantas, Irene se preguntó como saldría de esa casa de muertos, de esa oscura noche entre paredes de vampiros... Marina fue la última en irse, pero no se fue como los demás, de repente sacó una escoba y como una bruja infiltrada entre simples hambrientos vampiros voló sin dejar rastro. En su vuelo se llevo la bondad de Irene, los sentimientos, los pensamientos, los recuerdos....Debió de hacerlo, porque 'ella' no era ahora mas que un cuerpo sin mente y sin sentidos. No respondió al director, cayó de rodillas en el patio central de la salida del coro, el cual se parecía bastante a su patio trasero. Nadie estaba allí para ayudarla. Quizás tampoco se esforzó por pedir ayuda. Cerró los ojos mirando las estrellas de esa noche, se dejó caer completamente, el suelo ya no estaba frío, ya no había suelo. No había estrellas, no había cuartos, ni patio, ni voces, no había sangre en mi cuerpo, ni moratones. El infinito desaparecía, los límites le encerraban en un pequeño mundo en el que solo ella existía.
En un último pestañeo, y último esfuerzo por sobrevivir, vio como el mundo que le rodeaba caía y en un apagar de televisión, esa pequeña lucecita que queda en tu sien al apagarla, fue la que paró su bombeo y su última respiración.

-FIN-

2 comentarios:

PioChesko dijo...

Fue un sueño de verdad?

aiRin dijo...

Poz zi! pero, con lo raro que fue, imagínate escribirlo...no hay punto de comparación.