En casa solita, la única cosa que me acompaña: mi violín,...nuestro violín. Todo reunido, ahora que tenía cuatro cuerdas y algunas de ellas nuevas cogí el arco con una mano, la resina con la otra y empezé a imaginar la melodía en mi mente, me atreví a murmurarla mientras la cola de caballo cogía fuerza poco a poco. mmm, mmm, mmmmm....Entonces me coloqué el violín en mi hombro, recliné mi cabeza y coloqué el arco a unos centímetros del la. La música salía sin problema, derramaba cada nota al ritmo de mis heridas. No habían compases que valieran, ese momento era mío. Sola junto a mi música acompañada de un eco que ahora me resultaba conocido. Tantos años sin oirte y ahí estaba. Cada vez con mas soltura mi muñeca casi rozaba mi nariz de un movimiento a otro, la velocidad, la intensidad, la melancolía de cada nota, de cada palabra íntegra en mi cuerpo y externa convertida en canto de seres celestiales. Dejé que corriera rápido dentro de mí, de dentro a fuera la melodía salía sin miedo. ERA INCREIBLE, como después de tanto tiempo, de tantos años, podía disfrutar de aquella soltura. Empecé a tener miedo, sentí escalofríos, no solo el arco se tensaba sino mis músculos, mi músculo, mi centro, y de allí su sangre me pedía a gritos salir por mis venas. Cerré los ojos y seguí tocando, esta vez, la canción cogió un tono diferente alegre pero de corazón encogido, azul pero un color manchado. Si hubiera habido alguien allí nadie hubiera apreciado el sentido de mi música, el sube y baja y mis entonaciones. Solo podrían haber dado señal de alerta. Y la hubo. Mi sangre se derramaba a borbotones por mis brazos. El arco y sus cerdas dejaron en aquel salón muestras de mi sentimiento, de mi locura, de mi desesperación, pero de mi más valiosa obra: Mi sangre.
Desperté de un sueño profundo al oir el ni-no de la ambulancia. Ese efecto doppler me estaba matando. No pregunté qué hacía allí pero si a donde me llevaban esta vez.
- Tus heridas son graves, especialmente las que se encierran en tu cabeza. Hay que estar loca para cortarte las venas con las cerdas de un arco.
Mmmm, no fue un suicidio, lo que pasa esque tu no presenciaste el concierto. Créeme, mereció la pena. Solté en una carcajada.
En fín, una vez tranquila tras miles de datos dados, me entraron ganas de curiosear mis heridas. Ufff, realmente el pentagrama se me escapó de mis sentidos. Tenía mi música escrita en cortes finos. Pero no pude apreciarla toda, me interrumpieron al asomarse por la ventanita circular de mi habitación. Abrió la puerta, era él.
- Mónica, ¿estás bien? Deja que te ayuden y no agraves mas ésto. Tenemos que hablar.
Ladeé mi mirada hacia sus ojos y en un par de segundos entristecí mi rostro y miré mis brazos. No tienes ni idea, dije en silencio.
- He venido porque oí que saliste de aquí, pero parece que el tratamiento no ha acabado.
El tratamiento empezará ahora y no me apetece nada. Le dije.
Cogió mi barbilla y me obligó a mirarle. De inmeediato una lágrima le respondió sin llegar a hacerme la pregunta.
- ¿Es hija mía?
Amanda no te conoció y seguirá sin conocerte.
- ¿soy yo su padre?
Apenas puedo hacerme yo cargo de ella. Nació sin existir un vínculo.
- Continúa.
No sabes nada de ella y no sabes nada de mi desde entonces. Es tarde. No podía dejar matar algo que era nuestro. No podía dejar escapar lo que una noche nos regalamos por equivocación. Tomaste distancia. Así, la tomamos nosotras de ti.
- Mi abogado está fuera, Mónica. Amanda se queda conmigo, la recogo a las ocho.
¡Espera!... .No se lo que dije acontinuación. El nudo en mi garganta es demasiado grande como para recordar mis palabras en ese entonces.
Bienvenidos a todos aquellos que deseen viajar en este mundo de realidad y fantasía. Mundo Minino. Historias de aiRín.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Kapitel 2. Flecks Farbe
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