lunes, 13 de diciembre de 2010

En escape, mi segunda huída.

Anochece. Harta de mirar por la borda, y cómo acaba un día tras otro, Captain Panther, decide un nuevo comando.

- ¡Subid el ancla! ¡Cambio de Rumbo y a toda velocidad!

- Pero mi señora, el viento juega en nuestra contra. No llegaremos a tiempo.

- El viaje será duro y puede que muy lento. -Pausa. Se agarra el pañuelo, y oculta su rostro hasta donde pueden ver sus ojos-

- Mi capitana, ¿está segura del rumbo?

- Un capitán siempre está seguro.

- Sí, Captain Panther!. ¡Rumbo al frente caballeros! – dice a sus compañeros.

Mientras, sola, Capain Panther, habla con el viento y le susurra a la mar. Erguida y segura. Acostumbrada a sus olas y sus vaivenes.

- Ya conozco el desembarco, será una agradable visita.

Más alto y con su mirada perdida en el horizonte, su melena baila, y como una oración, su garganta grita:

- Dame aguas en calma y protege mis heridas. Las de éste barco, que te necesita. Tú, mi lucero, déjame estar sola día y noche hasta que descanse en tus arenas. Será entonces, cuando ambos separados, sepamos hacer un nudo marinero. Muy prieto.

Sentado y único en la orilla, juega con un palito de madera entre sus dedos. Observa una sábana azul extendida. Se escucha el viento y tapadas por un pañuelo viejo y decolorado, surgen palabras de un marinero.

- Lo que más me gusta son tus aguas, que nunca son iguales que ayer.

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