Anochece. Harta de mirar por la borda, y cómo acaba un día tras otro, Captain Panther, decide un nuevo comando.
- ¡Subid el ancla! ¡Cambio de Rumbo y a toda velocidad!
- Pero mi señora, el viento juega en nuestra contra. No llegaremos a tiempo.
- El viaje será duro y puede que muy lento. -Pausa. Se agarra el pañuelo, y oculta su rostro hasta donde pueden ver sus ojos-
- Mi capitana, ¿está segura del rumbo?
- Un capitán siempre está seguro.
- Sí, Captain Panther!. ¡Rumbo al frente caballeros! – dice a sus compañeros.
Mientras, sola, Capain Panther, habla con el viento y le susurra a la mar. Erguida y segura. Acostumbrada a sus olas y sus vaivenes.
- Ya conozco el desembarco, será una agradable visita.
Más alto y con su mirada perdida en el horizonte, su melena baila, y como una oración, su garganta grita:
- Dame aguas en calma y protege mis heridas. Las de éste barco, que te necesita. Tú, mi lucero, déjame estar sola día y noche hasta que descanse en tus arenas. Será entonces, cuando ambos separados, sepamos hacer un nudo marinero. Muy prieto.
Sentado y único en la orilla, juega con un palito de madera entre sus dedos. Observa una sábana azul extendida. Se escucha el viento y tapadas por un pañuelo viejo y decolorado, surgen palabras de un marinero.
- Lo que más me gusta son tus aguas, que nunca son iguales que ayer.
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