

Dormía placidamente.
Desperté en mi noche y extendí mi brazo fuera de las sábanas.
Media mitad del colchón de matrimonio estaba caliente y no había nadie.
Dos cosas podían significar: te levantaste, ergo, dormiste a mi lado. O bien, soy la típica persona que se mueve mucho sin ser consciente, y hace segundos estaba en la otra mitad de la cama.
Me gusta creer que dormí acompañada. La simple sensación de extender el brazo y notar que cerca tuya hay calor, que un cuerpo reposó junto al tuyo, que otros dos ojos observaran tu sueño mas profundo, tu espalda, o tu perfil...es suficiente para tener que dedicarte unas líneas, a ti:
Mi amiga, mi acompañante, mi esperanza, mi momento, mi inspiración.
Para mí era la noche, pero cierto es que, en realidad ya era hora de comer. Larga noche y de madrugada en las calles, me acosté con música en las persianas y me levanté con tu calor en nuestras sábanas. Olor de tortillas quemadas en el salón. Mesa preparada. Roce de pies debajo de la madera, una mirada que alimenta. Una mañana bonita, una brisa pasajera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario