Una mosca me quiere morder. ¿Qué narices tiene mi piel?
¿Qué química, qué energía se mueve estos días en mi cuerpo?
En pocas palabras y en un segundo... todo se endurece, se moja, se estremece.
Los movimientos son secos, ondulantes. Las risas se elevan, la oxitocina sube por todo mi cuerpo y se acomoda en mi cabeza. Un cosquilleo envuelve mi parietal... y la máquina de escribir sigue sonando.
La música ayuda. Air guitar, air sex... y floto, vuelo, despego.
El amor crece y se multiplica, porque puede, porque surge, porque se busca....porque se palpa.
De no tener, ni saber qué hacer, paso a sentirme viva, llena, plena, orgullosa, inspirada por el sonido de la revolución, los dibujos de mi hijo de 5 años y la autonomía de mi pequeño de 2.
Baila con nosotros, desnudos, en el salón, sube el volumen, siéntelo, si.
Se puede ser feliz, si.
El fuego se enciende y esa brisa de acuarius acrecienta mi poder interno que tenía ya por perdido.
Hubo un parón muy grande entre mis 18 y los 35 años. Pero si juntamos ambos extremos reconecto con mi todo, con mi ser, with my being y mi fe.
Así que no caben dudas, ni tiempos en los que te preguntas... ¿Por qué no soy feliz? ¿Qué me falta?
Miro de nuevo a mis niños y me enseñan que lo importante está sucediendo justo ahora.
Es precisamente ahora cuando todo tiene el balance a la vez que el desequilibrio, que me hace subir y bajar, trabajar, avanzar disfrutando de esa brisa, ese fuego, el miedo, las cosquillas, mis oquedades y el peligro...porque si caigo, caeré gozosa. Y ahí está el truco...disfrutar del viaje, sentirse dichosa. De todo lo que aprendí, de lo que estoy aprendiendo y ahora escribo en grande: GRACIAS.
GRACIAS POR SER VALIENTE.
DISFRUTA EL PRESENTE.
#laCasaAzul

No hay comentarios:
Publicar un comentario