-¿Saltarías detrás de mí por un gran acantilado?
Ya me imagino saltando en el vacío y gritando tu nombre.
Una vez dentro nadaría hasta sacar mi cabeza, batiendo mis piernas lo más rápido posible y alzando mis brazos buscando la salida, la supervivencia, deseando comunicarte lo increíble que fue el salto. Entonces, escucho tu caída,...inclino mi cabeza, abres los ojos, estás sonriendo y tus ojos lloran...
[…]Pero, no hay lágrimas, estamos debajo del mar, ¿cómo iban a caer tus lágrimas? Orgullosa y agradecida guardo tu lágrima en mi recuerdo y cada vez que me asome a ese acantilado o me zambulla en el mar, recordaré la sonrisa más bonita y la lágrima más valiosa que nadie pudo llorarme jamás.
Gracias, por adelantado,
Gracias por haber saltado.
Sabía que lo harías, no me equivoqué.
Ahora puedo descansar sabiendo que conseguí robarte el alma en una lágrima:
Una lágrima del mar.
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