-- Coches, coches, coches… Ahora todo son coches, antes todo eran burros.
Y se queda callada, con esa media sonrisa bobalicona, las manos entrelazadas y la mirada dulce, lechosa, dirigida al infinito. Entonces, se vuelve hacia mí, me mira…
-- Coches, coches y más coches… Antes íbamos a lavar al rio con Jenaro, nuestro burro. En los serones echábamos la máquina de coser; esa que ahora tienes tú de manivela. Era de mi abuela Toribia. Y mientras se oreaba la ropa al sol, remendábamos las sábanas…
Vuelve a entrelazar las manos y vuelve a sonreír mirando a lo lejos, como perdida.
De pronto, se pone a cantar.
- Mareta, Mareta había soñado,
que una “nineta” le habían comprado.
Mareta, tenía bonito el color,
la cara muy linda y el cabello rubio…
Bonita canción de cuna, preciosa nana. ¡Tantas veces la he oído de sus labios!, y muchas, muchas veces, de los de mi hija Irene, a quien se la cantaba de pequeñita para que luego Irene repitiese incansablemente a sus muñecas. Con esa voz aterciopelada, dulce y melodiosa, que aún no sé de quién ha heredado. Sí, todo esto son recuerdos. ¡Pero los recuerdos nos traen al presente a tantas personas maravillosas!...Me traen a mi madre ya octogenaria, encogidita, sentada en el porche, balanceando los pies que no le llegaban al suelo y repitiendo de mil maneras inimaginables sus viejas historias llenas de detalles curiosos. Y siempre cosiendo, siempre canturreando, siempre sonriendo, siempre feliz…
¡Cómo no recordar que al llegarle su último aliento, sin saber cómo ni por qué; le cogí las manos, me tumbe a su lado, la acurruqué junto a mí, y le canté su nana!
- Mareta tenia bonito el color,
la cara muy linda y el cabello rubio.
Y yo le quería, y yo le mimaba
y ella me decía que tenía sueño…
Esto, se vive solamente una vez, pero se recuerda toda la vida…¡Y te llena tanto!
1 comentario:
Pues ya se de donde he heredado mis palabras bonitas y mis historias...
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