sábado, 5 de febrero de 2011

Un beso entrometido

Llevo observándote toda una vida. Cierto, que duermes y que eres tú quien me humaniza.
[...]
Esta noche fue una gozadada disfrutar de cada uno de sus movimientos.
Parecía despierta. Más viva que dormida.
Se que no se debe espiar en sueños, pero como ella, siento curiosidad. Como ella..., amo y odio lo mismo que quede fuera o dentro de las sábanas.
El deseo de entrometerme en ese mismo instante, en el que sus besos besaron la almohada, provocaron un abrir de ojos.
Puedo explicar bien lo que sintió, esta vez con minucioso detalle.
Me basaré en una mera descripción. Hoy quiero ser egoista y quedarme sólo yo con su disfrute.

Creí besar tus labios, debí soñar con su textura. Pero la imagen se difuminó al sentir el algodón de mi almohada.
Me sentí cohibida y salí inmediatamente de mi joven cuerpo.
Observar, vigilar es lo mío.

Volvió a cerrar los ojos y su propia sonrisa la acurrucó. Le aporte la luz que creía necesitaba en ese momento. Temperatura suficiente para dejarle dormir estando despierta.

Es curioso como al girar su cuello chocó contigo. Estabas con ella todo el tiempo. Que sueño tan bonito. Y que despertar...
Ya por la mañana no temprano, soy yo quien debe cerrar los ojos. Pero aún estaba capacitada para poder sentir lo que sucedía en aquella habitación, concretamente en su pecho, que abrazando su móvil, vibró tu llamada de anoche.
Se dejó llevar y me buscó en sus sueños. Juntas dormimos..., juntas escribimos.
[...]
Si despiertas como nosotras, sigue durmiendo. Podría abrazarte día y noche...y saber que no es sueño.

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